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Accidente inexplicable, supongo que como casi todos, me llevó a una silla de ruedas. Mis piernas se mueven aunque pronto se fatigan, mis brazos como ya sabían por el relato “En familia” me han sido amputados, dejándome unos muñoncitos que sus buenos servicios que tan buenos servicios ahora me prestan.

Tras la ración de sexo que me doy, aun hoy, con la buena de mi nuera Lola, su madre y la tal Eutimia que hizo un faltar, porque el cabrón de mi hijo también se beneficiaba y se quedaba atrás precupado resolvió enviarla al pueblo con unos cuántos duros, para quitarse el muerto de encima.

Como yo miraba que mi hijo se estaba enamorándose de tanta mujer a mi alrededor, como para ver la posibilidad de irme a otro lugar, aunque mis condiciones y cambios secundarios, además de que las damas de la casa no querían quedarse sin su juguete.

La solución la dió mi hijo, y aunque en un principio no me gustó, pronto todo el mundo estaba de acuerdo.

La inmensa finca, con un palacio del siglo XVIII que tenía mi propio dueño en esa villa tan viciosa del norte, tenía una pequeña casita de guardas al fondo, la distancia de la gran casa, casi dos kilómetros. Reflexionando luego pensé que era perfecto, podría beneficiarse de la cercanía de las hembras del lugar y tener un cierto aislamiento.

Arreglada pues la casita, que era cómoda, mi hijo se presentó con un perro “Gran Danés” para que no solo me hiciese compañía, que también pueda hacerme algunos recados, como el resto del periódico, encender las luces, dar avisos y demás. … y así fue como “Gordon” entró en mi casita de campo. A las pocas semanas una voz femenina que me llamaba diciéndome que era la veterinaria que atendía a Gordon, completándome a la información de que la presencia del perro en la casa, había sido una sugerencia de Lola a su marido, que a su vez, pronto, hacía suya .

Quedó la mable veterinaria, en pasar dentro de unos días por la casa para ver cómo se adaptaba a su nueva morada.

Lo cierto es que Gordon, en esos días, estaba teniendo un comportamiento extraño, porque cada poco cogía la pierna y trataba de hacerlo como si fuera una vez, otras veces se acurrucaba en mi regazo y hurgaba en mis partes, aspirando fuertemente, y quedándose dormido. encima de mi paquete que con el calor tomaba una considerable dimensión y posición. Cierto día de inmenso calor, con los brazos ortopédicos que casi nunca utilizo con el esfuerzo con el esfuerzo notable, la parte de atrás de la casa, una pausa, y allí me relajo el resto de la tarde. Cuando estaba soñando con mi nuera Lola, sentí que algo hurgaba en mi bragueta, pensando en la dulce boca de mi nuera o en su madre, dejé hacer, aunque esa larga lengua que penetraba y penetraba, no podía ser ninguna de las reales hembras de la casa, desperté pues,

Lo cierto es que estaba acostumbrado a ciertas maniobras, pues pronto vi bajados mis pantaletas y mi polla a merced de la lengua del cánido, que relamió a gusto mi polla, metiendo su hocico entre mis muslos para que abriera las piernas y liberara mis huevos, a los cuales también le agradan las cosas, me gusta, me gusta, me gusta, no me gusta, no me gusta. El ya, en la desesperada, se subió a la tumbona y a las patas delanteras a las caderas, comenzó a freírse el frío con la cabeza, que pronto tuvo sus resultados, que bañado por el semen de perro y Gordon con un pollón de cuidado, que dedicó una lamidas, tras lo cual se puso de inmediato a limpiar sus rastros,

A los días muertos por el jardín de la casa la escultural veterinaria en pantaloncitos cortos, que recibió por las algarabías de Gordon, que pugnaba por tener algo que otra alegría a la entrepierna de su cuidadora y como no a su propio pijo, que ya mostraba un buen tamaño, y al igual que la forma distraída y la mano del veterinario para comprobar su estado. Todo esto fue contemplado desde la ventana de mi estudio, visto lo visto, optó por colocar el letrero de que estaba ausente, dejando el teléfono móvil por si surgía la novedad. Dicho y echo cuando la cuidadora fue por la puerta principal de la casa se encontró con el letrero, hizo la llamada a la puerta del concurso que invitaba a que se pusiera cómoda en la piscina y hiciera el uso de la casita de madera, un modo de vestuario , y que tu volviste en una hora y media.

Pasó pues la medicina veterinaria al jardín trasero, se acercó a Gordon, se aseguró de que la señora de que no tenía moros en la costa, aseguró las puertas y se dispuso a darse un chapuzón en la fiesta de la piscina. Se acercó pues a la casita de madera y se sentó en el colocadísimo sofá, que estaba frente a la puerta, desde mi escondite y con el supercatalejo pude admirar sus formas, una mujer de casi 1,90, rellenita, de amplias tetas, y una perfilada grupa un tanto respingona, un pub rasurado que dejaba una gran almeja de carnoso, labios a la vista ya los que como por ejemplo llegó en un instante Gordon, que fue reprendido levemente por Claudia que así lo llamaba la veterinaria.

Creí que allí se había terminado todo, y que me quedaría con las ganas de ver un buen zoológico, pero al salir de la casa. Claudia se pasó una de sus manos por la entrepierna y se dio la bienvenida a Gordón, este enseguida se entusiasmó de nuevo, y se fue corriendo detrás de su amiga, que optó por echarse a la piscina, Gordon no estaba dispuesto a pedalear tan pronto como estaba y también se fue al agua. Hay que apuntar a los dos: bestia y humano, dándose la lengua mutuamente, y Gordon intentando follar a la escultural aunque fuera en el agua.

Después de los juegos de vino y el descanso y los proyectos de un polvo en blanco, Claudia echó en una de las tumbonas a Gordon que se dejó de hacer ahora, sabiendo que ya tenía la recompensa de la ganada a la presión del agua, la bomba de agua y el pellejo del balano del perro al que echó atrás dejando un prepucio rojizo y granuloso, al que dediqué sus buenos minutos para poner un tono a base de pajar y pasar la lengua por la punta del carajo, que pronto empezó a tirar pequeños chorritos a la vez que iba dejando al descubierto un pollón de mucho cuidado. Siguió pues la condenada en las acciones y con la otra mano abarcó en lo que pudo la bestial polla, con todo lo que Gordon pensó que tenía la polla en caliente, se incorporó y echó las patas por delante metiendo la cabeza de Claudia bajo su pecho, y así fue como creció y creció,

Opté ante el espectáculo, ya no me cansas de las manos para hacer la “alemanita” por enchufársela a Flor de Loto, mi vagina plástica que se encontró al pie del catalejo, con el cual también observaba a mis parientes.

El perro ahora con todo el trabuco fuera ya estaba calmo, y se dejaba hacer más, Claudia lo colocó panza arriba en la tumbona y se rebalgó sobre él, tras untarse bien el chichi, con la leche del perro, dio comienzo a la maniobra d ir metiéndose todo aquel trabuco en la almejita. Al principio parecía incapaz de entrar, porque el grosor era de órdago y la dimensión no era menor, lo bueno era que el cebollón trasero estaba fuera, que era cierto.

Esto es lo que Claudia eligió para ponerse un par de patas y con un segundo de ayuda por parte de Gordón, pronto se corrió su deseo, que se adentró en la vagina hasta el mismo cebollón trasero, que la veterinaria apretó contra sí misma al hacer una vuelta a la ventana como a hacer con las manos, luego en una tarea de maniobra al suelo y ella con él, y por eso se encera con él boca arriba, en una rápida maniobra que retorció la polla del animal y que arrancó un lastimero aullido por parte de los dos amantes. Ahora quedaba ante mi la descomunal polla de animales succionados en un dulce vaivén por el chocho de la veterinaria.

Me corrí en mi vagina andante, y seguí con mi observación, cuando sentí que alguien entraba en la casa, era Lola que me llamaba, no respondí a la llamada y dejo que descubriera a su atareada amiga en pleno polvazo zoológico, la pregunta que no tardó en observar desde la ventana del salón, pronto puede ver también cómo mi caliente nuera, tira la ropa por el jardín y se unía al grupo. Claudia canta sorpresa, pero pronto continúa con sus ataredes andanzas. Lola se inclinó para ver que el amigo que era amiga de ella y que estaba esperando al chichí, y al que dio una chupadita que no le gustaba por el lado de su amiga al que más le gustaba, una lamida, y que pronto estuvo cerca de un dedo de tres dedos que le iba metiendo Lola, y que sacaba susurros de placer y de más y más dedos rápidamente.

Tras uno de los múltiples orgasmos de la veterinaria, Lola se unió en sus espaldas y se dejó caer en contacto con su matriz sexual de Gordón que se vio en la parte alivianada por el nuevo frescor que le aportaba el nuevo chocho, aunque un poco agobiado por el peso y tanto mete y saca. Ante lo cual optó por darse un respiro, y salió del tragón chocho de la enfermería de cañas. Por lo que ambas dos mujeres se enlazaron en un total 69 lésbico. Mi nuera estaba echada sobre Claudia a la cual la chupaba el pringoso chichi, que ahora sí la gustaba, y la impresionante hembra la metía con artera, su larga lengua el chochito de Lola, la cual alzaba el culito a cada sacudida.

Gordon dijo que ya había descansado un poquito, y el momento en que los olores de los sueños, se acercó y relacionó lo que pudo haber sido el cáncer de mi nuera que se abría en busca de más lengua, ante lo cual la víctima del veterinario que propuso que probara la polla de Gordon. No debió ser difícil convencerla, pues al poco tiempo ya estaba colocada panza arriba con las piernas arriba y dejando la máquina de hacer la pregunta, siempre que sea perfectamente, fue más allá de la puntualidad más al nuevo chumino, cuando de un latigazo Gordon, en un descuido de su cuidadora, le metió a Lola, hasta las mismas cachas, pronta y la doctora para tirar el perro para que no creciera dentro de la cebolleta tan descomunal del Gran Danés, que podría desgarrar mi chochito preferido.

Yo estaba allí, no podía más, la Lola, Jalaba de Gordón, para que no se fuera y que dejara el trabajo, todo el día estuviera en su lugar, y la veterinaria, y el cuatro patas, que fuera lo que sobraba, me desvestí y en tris tras , tiré de un empellón a la doctora que tras amenazarla con mis mecánicos brazos en que la degollaría, si me resistía, y más tras haber visto con el perro, el extremo mi pollita en pleno culo, porque el otro conducto era demasiado holgado para yo, y así la cabalgué hasta que no pude más,

Ahora gracias Gordon tengo alguien que me limpia las corridas a base de lamidas y una partenaire más en mis juegos.

Gervasio de Silos

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